¿Qué hay tras las flores de Sant Jordi?

Solo en la fiesta de Sant Jordi del 2018 se consumieron alrededor de 7 millones de rosas. De las cuales, Colombia exportó un 71% del total, siendo el principal país exportador. Por su parte, Holanda exportó un 15% y Ecuador un 9%, y el 5% restante fue producción local (3% Barcelona y 2% el resto del Estado español). La variedad Freedom, originaria de Ecuador y Colombia, representa el 60% del total de las rosas suministradas para Sant Jordi. Por eso, este año hemos decidido lanzar la campaña ‘Tras las flores’ para visibilizar qué impactos tiene este consumo en las personas trabajadoras de las flores y sus territorios.

DATOS DEL EVENTO

¿Cómo afecta el negocio?

El negocio de la floricultura afecta en Colombia y en aquellos lugares donde se realiza de manera intensiva especialmente a:

MUJERES

Las mujeres suponen el 65% de las personas empleadas directa o indirectamente en el sector de la floricultura. La mayoría de ellas son madres cabeza de familia.

La gran dependencia a este trabajo deriva en una alta complejidad a la hora de reivindicar por sus derechos ante la explotación laboral.

MEDIO AMBIENTE

Todos los recursos y esfuerzos agrícolas de la Sabana de Bogotá (Colombia) están centrados en la oferta agroexportadora.

La contaminación y sobreexplotación del suelo y del agua resultan en la dependencia alimentaria hacia los países del norte, un atentado hacia la soberanía del país.

EXPLOTACIÓN TRANSNACIONAL

El modelo de producción flexible, motivado por los Tratados de Libre Comercio, permite la contratación express y la subcontratación. 

El retraso e impago de indemnizaciones de despido y de prestaciones sociales son constantes vulneraciones de los derechos laborales.

CONTEXTO EN COLOMBIA

La República de Colombia, es conocida como uno de los países latinoamericanos con mayor biodiversidad, diversidad étnica y riqueza cultural, pero a su vez y desafortunadamente, también es conocida internacionalmente por uno de los países con más casos de vulneración de los derechos humanos y con un alto nivel de casos de impunidad. Una práctica habitual en el devenir del país. Los campos florícolas de Colombia y el conflicto armado de los últimos 50 años en el país no son hechos independientes.

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Soberanía alimentaria

Garantizar el derecho a que los pueblos determinen los alimentos qué produzcan y para quién en detrimento de las lógicas transnacionales.

Consumo local

Apostar por un consumo local de los productos. Siempre y cuando respeten los derechos laborales y sociales de las personas trabajadoras.

Repensar las celebraciones

Buscar otras formas de celebración que sean sostenibles, tanto con el entorno cómo con las personas, para evitar perpetuar las lógicas de desigualdad.

Apoyo mutuo

Denunciar las prácticas de las empresas que fomentan la explotación laboral y tejer redes de apoyo y solidaridad transnacionales.